Calera de las Huérfanas, patrimonio jesuítico rural del Uruguay

Jacqueline Geymonat, Carola Romay, Carmen Lazzarini

Ponencia presentada en el SEMINARIO INTERNACIONAL ” DIFUSIÓN Y PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO RELIGIOSO EN AMÉRICA LATINA “, que tuvo lugar entre el 3 y el 5 de octubre de 2011 en Buenos Aires, Argentina.
Dicho semianrio estuvo organizado por la Cátedra UNESCO de Turismo Cultural UNTREF /AAMNBA.

Calera de las Huérfanas, patrimonio jesuítico rural del Uruguay.

Jacqueline Geymonat, Carola Romay, Carmen Lazzarini

1. Introducción

Calera de las Huérfanas representa uno de los mayores establecimientos jesuíticos instalados en el Uruguay durante el siglo XVIII, dedicado a la explotación agrícola-ganadera y a la producción de materiales de construcción. Su casco, localizado en el actual departamento de Colonia, a 16 km. de la ciudad de Carmelo y a 80 km. de Colonia del Sacramento, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1976.

El interés por su puesta en valor ha promovido recientemente, dos importantes iniciativas que la colocan en el centro de interés local y regional: el proyecto “Actuación integral en Calera de las Huérfanas, en clave de desarrollo local”, impulsado conjuntamente por Naciones Unidas en el Uruguay (PNUD) y el Ayuntamiento de Vitoria Gasteiz, España; y la conformación de la ONG Movimiento Pro Calera de las Huérfanas integrada por la comunidad local. Actualmente se lleva adelante un modelo de gestión democrática del patrimonio, que promueve la socialización y la optimización de los recursos disponibles para la preservación del sitio y la promoción de proyectos de desarrollo local que potencien su valor patrimonial.

En este trabajo se presentan las alternativas que desde este modelo de gestión se vislumbran como instrumentos capaces de posicionar a los remanentes del casco de la estancia como referente local del patrimonio jesuítico de la región y simultáneamente promover la refuncionalización de sus estructuras edilicias, en particular de la Iglesia, cuyo estado de conservación exige medidas urgentes de actuación para evitar la pérdida de sus atributos patrimoniales.

2. Origen y evolución de la Estancia

Hacia 1740, la Compañía de Jesús instaló en la “Banda Oriental” la Estancia luego conocida como Calera de las Huérfanas. Con una extensión cercana a 140.000 ha, fue uno de los enclaves más tardíos y australes del complejo misionero jesuita en la cuenca del río de la Plata (Figura 1).

Figura 1: Distribución de pueblos y estancias del conjunto misionero Jesuita en América. Basado en G. Furlong, 1962. Misiones y sus pueblos de Guaraníes (1610-1813).

La estancia dependió originalmente del Hospicio y Colegio bonaerense de Nuestra Señora de Belén. Su configuración espacial y territorial respondió en primera instancia al modelo funcional aplicado ya en otros establecimientos productivos jesuíticos y en segundo lugar, a las circunstancias históricas, geográficas y políticas particulares de la región, dominadas por la inseguridad provocada por los ataques indígenas, la relevancia política administrativa de Buenos Aires y la fácil comunicación con su puerto a través del puerto de Las Vacas, las excelentes oportunidades comerciales para todos los productos de la estancia y la “peligrosa” proximidad de Colonia del Sacramento en manos portuguesas.

Sus tierras se dedicaron fundamentalmente a la ganadería, la agricultura y la fabricación de materiales de construcción: ladrillos, tejas, baldosas y cal; que fueron mayormente comercializados en Buenos Aires, Colonia del Sacramento y Montevideo. Las fuentes históricas la califican como “la mayor avanzada civilizadora de su tiempo en nuestro medio rural”, debido a que fue uno de los primeros centros poblados productivos de la Banda Oriental.

El casco de la estancia, emplazado a orillas del Ao. Juan González se organizaba en torno a un patio principal, al cual se vinculaban la iglesia con su camposanto, bajo la advocación de la Virgen de Belén, las habitaciones de los padres, los talleres de herrería, jabonería, telar, panadería, carpintería, tahona, y las habitaciones de la población de la estancia. Esta distribución mantiene fuerte lazos con la disposición monástica que puede apreciarse en otras estancias jesuíticas como la de Jesús María o Alta Gracia en Córdoba, Argentina, entre otras.

Existían además “ranchos” para las familias de los negros esclavos y para los indios peones y un huerto con gran variedad de frutales y legumbres, donde se destacaban 1.500 cepas de vid. (Figura 2).

Figura 2. Vista de la capilla y cimientos de recintos pertenecientes al lado este del patio del casco de estancia relevados por la investigación arqueológica. Foto archivo J. Geymonat., año 2000.

En el entorno cercano se ubicaban las zonas de extracción de arcilla, de granito rojo y yacimientos de caliza que alimentaban los hornos de ladrillos, baldosas, tejas y cal. Se estima que la población de la estancia alcanzó la cifra de 250 personas, compuesta por indios conchabados, criollos y mayormente negros esclavos, a quienes se prestó una especial atención en relación a sus necesidades espirituales.

En el año 1767, el rey Carlos III de Borbón expulsó a los jesuitas de todos sus dominios y la estancia pasó entonces a depender de la “Junta de Temporalidades” de Buenos Aires, quien encargó su dirección a Don Juan de San Martín (padre del prócer argentino) quien residió en ella junto a su familia hasta 1774. En 1777 el establecimiento fue puesto a cargo de “La Hermandad de la Caridad” para mantener el Colegio de Niñas Huérfanas de Buenos Aires. La documentación histórica evidencia que ya a comienzos del siglo XIX el conjunto edilicio había sufrido enormes deterioros, alterando fuertemente el carácter arquitectónico del casco principal. Las habitaciones y demás recintos que correspondían a la estructura implantada por los jesuitas estaban abandonadas, se habían demolido y reutilizado los materiales constructivos para la fundación de la ciudad de Carmelo. La iglesia sufrió en este período, el desplome casi total de su techo abovedado y parte de sus elementos de culto fueron trasladados a la iglesia de la nueva ciudad, fundada por Artigas en 1816. Finalmente, el Gral. Julián Laguna, adquirió en 1829 el sector del antiguo casco.

3. El componente religioso y su valor patrimonial

El carácter eminentemente productivo que caracterizó a la estancia y su destacado rol estratégico para el comercio de las misiones jesuíticas en la región, no significó una prevalencia de los objetivos económicos de la compañía por sobre sus cometidos religiosos. Por el contrario, a pesar de su reducida escala si se compara con otros centros de la región, Calera de las Huérfana representó para la época un punto referencial del sistema religioso jesuita. En efecto, puede inferirse hoy, a la luz de los datos históricos y arqueológicos disponibles, que la población trabajadora, en su mayoría de raza negra, recibió de los padres jesuitas un tratamiento singular que le permitió, por ejemplo ocupar puestos de alta responsabilidad y compartir beneficios que eran otorgados habitualmente sólo a los blancos. Las excavaciones dentro de la iglesia evidenciaron el entierro de un adulto de raza negra, seguramente un esclavo.

En su manifestación material, este modelo evangelizador y productivo se concretó en la organización del casco de estancia, de modo similar a los de territorios norteños, siguiendo un modelo tipo monástico, en el cual el patio principal ordena el flujo de circulación y las jerarquías sociales en función de las diferentes actividades desarrolladas en el perímetro construido. Efectivamente desde este patio puede, incluso hoy, reconocerse la primacía de los edificios volcados sobre el ala oeste, que incluyen la iglesia de una única nave, dispuesta lateralmente al patio, con su sacristía y camposanto (al sur de la misma) y las habitaciones de los padres. Se presume además que el extremo de esta ala oeste estaba dominado por el refectorio o comedor de los padres, (hoy bajo remanentes de la vivienda del siglo XIX de uno de sus últimos propietarios). La jerarquía del ala oeste no es sólo funcional, sino también volumétrica y material ya que corresponde a las estructuras arquitectónicas de mayor altura, sistemas constructivos más elaborados y mejor calidad de materiales de construcción (mampostería cerámica en ladrillos macizos, mampostería de piedra granítica revocada, cubiertas en tejas, pisos enladrillados, etc.). Los restantes lados del patio principal fueron materializados con locales de trabajo o habitaciones de esclavos solteros, aplicando soluciones constructivas menos elaboradas y materiales de menor durabilidad (delgados cimientos de piedra caliza o ladrillos, paredes de tapia o adobes, cubiertas de paja).

Un aspecto diferencial respecto a los pueblos misioneros puede observarse en la disposición relativa de la iglesia y la ranchería de esclavos que no se encuentran enfrentadas, conformando así una variante de la más habitual disposición de las viviendas indígenas.

Pueden destacarse dos aspectos de la iglesia que contribuyen a la construcción de la identidad regional de las misiones en torno al aspecto religioso. El primero de ellos se vincula con su correspondencia con los criterios de organización y ornamentación, generalmente aplicados por los jesuitas. Según diversos historiadores la capilla responde a los planos elaborados por los maestros jesuitas Andrés Blanqui y Juan Prímoli autores de obras como la Iglesia del Pilar en Buenos Aires, la iglesia de Jesús María y de Alta Gracia, ambos fallecidos en la década en que se establecía la estancia. El segundo de los aspectos se relaciona con una característica singular, materializada en el altar, construido solidariamente con la mampostería cerámica que conforma la fachada oeste de la única nave del edificio. Sobre este altar puede leerse: “Impresiona sobremanera la curiosa ornamentación del paramento que está frente a la puerta de entrada y, contra el cual, debía adosarse el altar mayor. Sin embargo es muy verosímil que nunca haya existido allí ningún altar o retablo, por cuanto dicho paramento puede ser considerado como un altar mayor, ejecutado en mampostería de ladrillo, conjuntamente con los muros de la iglesia…”[1] (Figura 3)

Figura 3: arriba: foto aérea del predio donde se observa la capilla y los vestigios de algunos cimientos, abajo: foto aérea con la superposición de la reconstrucción virtual de lo que fue la estancia en el siglo XVIII. Fuente: Payssé et. al. 2008 “Reconstrucción virtual de la Estancia jesuítica de Belén-1780”. (Proyecto financiado por el BID).

A pesar del franco deterioro, la trascendencia y significación histórica y cultural de este componente religioso fue reconocida ya desde las primeras décadas del siglo XX, cuando se aplicaron diversas operaciones de intervención y salvaguarda, acordes con los criterios de defensa del patrimonio que aplicó nuestro país a lo largo del tiempo.

Este proceso se inicia en 1920 a instancias del historiador Horacio Arredondo, quien promueve gestiones ante el Estado para la reparación de la iglesia, derivando esto en la colocación de tensores para garantizar la estabilidad de sus muros perimetrales.

Hacia 1942 la Comisión Nacional de Turismo adquirió la Iglesia junto a los hornos de cal, insertas en un predio de 32 hectáreas y emprendió labores de alambramiento, limpieza de maleza, plantación de especies arbóreas nativas y las primeras excavaciones arqueológicas. En 1974, el Consejo Ejecutivo Honorario de la Antigua Colonia del Sacramento, promovió el interés de la UNESCO para integrar la “Calera de las Huérfanas” al circuito de turismo cultural de sitios misioneros de la región. Dos años más tarde, el predio fue declarado Monumento Histórico Nacional (MHN) amparado en la ley 14040 de 1971, máximo instrumento legal, aún vigente, para la salvaguarda del patrimonio cultural nacional. En 1999, gestionado por el Consejo Ejecutivo Honorario de Colonia y contando con la financiación del Ministerio de Turismo y del Ministerio de Educación y Cultura, se emprendió el Proyecto: “Parque Arqueológico, Estancia jesuítica de Belén”, iniciando así una investigación arqueológica integrada a un proyecto mayor, que contemplaba el acondicionamiento arquitectónico de las ruinas (preservación y consolidación) y de todo el predio declarado MHN. Como resultado de las excavaciones realizadas se descubrieron y documentaron los cimientos de las construcciones de todo el casco, se identificaron diferentes áreas de actividad intra-sitio y se aportaron datos respecto a la dinámica de funcionamiento del establecimiento.

Todos estos antecedentes confluyen en las más recientes iniciativas de valoración y gestión implementadas en el marco del proyecto de PNUD/Ayuntamiento de Vitoria Gasteiz y la ONG Movimiento Pro Calera de las Huérfanas, de las cuales ha resultado el Plan Director y la creación de la Unidad de Gestión del sitio, que reúne representantes del Ministerio de Turismo y Deporte, de la Intendencia departamental de Colonia y de la ONG.

4. Las propuestas desde el Plan Director de Gestión

El Plan Director de Gestión para Calera de las Huérfanas tiene por objetivo fortalecer el papel activo de la comunidad local y promover el desarrollo de sus capacidades para establecer planes conjuntos con las autoridades e instituciones nacionales e internacionales que operan en materia de patrimonio cultural [2].

Dicho Plan se basa en primer lugar en la convicción de que el valor de identidad de un bien cultural responde principalmente a las trayectorias sociales que lo identifican y significan como patrimonio[3]. En consecuencia, resulta fundamental fortalecer las modalidades de intervención “abiertas”, sustentadas por acciones interdisciplinares que despierten el máximo interés público, tanto sobre el bien mismo como sobre las propias acciones de intervención. En segundo lugar defiende la idea de que una puesta en valor adecuada es aquella que adapta al bien a una función compatible que le permita mantenerse en uso [4].Siguiendo estas premisas se sustenta sobre dos principios básicos:

– La gestión democrática del patrimonio, entendida como aquella que involucra las diversas iniciativas de los actores vinculados al sitio, en un ámbito de negociación proactivo que promueve la búsqueda de nuevas alianzas y potencia el compromiso en la toma de decisiones.

– La concepción del Bien Cultural como motor socioeconómico del entorno y factor de desarrollo local, entendiendo que la puesta en valor está directamente asociada a la rentabilidad social y económica que permite sobreponer el potencial activo de un bien a su carácter inerte o pasivo heredado del pasado.

Las estrategias de acción incluidas en el plan abarcan diferentes escalas de actuación y refieren a la resignificación del componente religioso en el contexto actual, poniendo en evidencia los desafíos técnicos pero fundamentalmente ideológicos que esto implica. Se han considerado en este escenario dos marcos teóricos de referencia fundamentales. El primero de ellos surge de las convenciones internacionales en las cuales se expresa claramente que: “El valor del patrimonio arquitectónico no reside únicamente en su aspecto externo, sino también en la integridad de todos sus componentes como producto genuino de la tecnología constructiva propia de su época”[5]. El segundo nace de los lineamientos de la Arqueología de la Arquitectura que conciben al “… espacio construido como herencia de pasado pero también como recurso para el futuro, como depósito de memorias históricas, archivos estratigráficos, como elenco de técnicas constructivas, compendio de dimensiones simbólicas y significantes, reflejo de conflictos y vivencias sociales, en definitiva como topografía de las complejas constelaciones cotidianas de la sociedad[6]

Es en base a esto que surge la necesidad de plantearse la pertinencia de recuperar la espacialidad otrora religiosa de la iglesia a través de la reconstrucción de su carácter de recinto cerrado, lo que implicaría entre otras intervenciones el techado o cubierta de la capilla, sin desconocer además los valores materiales, tecnológicos y de originalidad que la mampostería cerámica ha impreso en sus muros aún en pie y en los vestigios de la cubierta que aún se conservan.

Las experiencias exitosas que ha tenido la aplicación de esta metodología, en muchos sitios patrimoniales en España entre los que se destacan la Catedral de Santa María en Vitoria Gasteiz, permiten inferir que es esta una alternativa posible.

Quienes apoyan esta alternativa se basan en la idea que una restauración permite al bien explicarse a si mismo y devenir en fuente de conocimiento. Evidentemente las prácticas de intervención abierta a la comunidad propuestas por el Plan, las cuales no deben cancelar intervenciones anteriores ni cerrar puertas futuras, sino dejar un final abierto, fortalecen este concepto y promueven la socialización de dicho conocimiento.

Quienes disienten se apoyan en mantener los vestigios arquitectónicos concebidos como ruina y acompañarlos con un plan de conservación que preserve ese carácter para el disfrute de la población. Entre ambos extremos, el Plan Director entiende la necesidad de alcanzar acuerdos y crea los ámbitos de discusión y reflexión con el objetivo de llegar a una solución que respete y contemple simultáneamente los valores y potenciales del bien.

6. Consideraciones finales

Se entiende que la confluencia de los particulares atributos de Calera de las Huérfanas y las directrices que guían el Plan Director constituyen un antecedente de alto impacto positivo en las prácticas de regulación, gestión e intervención del patrimonio nacional, plausible de ser perfeccionado y replicado en otros enclaves de alta significación regional. El doble principio de gestión democrática y promoción del desarrollo local que defiende, conduce a una constante retroalimentación del proceso de valoración y significación del sitio y a su mejor uso y disfrute, permitiendo a su vez posicionarlo como factor de identidad local en el contexto nacional y regional.

Será necesario fomentar el diálogo entre los especialistas y la comunidad local que permita evaluar conjuntamente las posibles alternativas de intervención, considerando simultáneamente los beneficios socio-culturales esperados y las posibilidades técnicas

En el marco de la integración regional promovida por UNESCO y el MERCOSUR, Calera de las Huérfanas representa una inmejorable oportunidad para la creación de instrumentos de salvaguarda, difusión y apropiación del patrimonio nacional y regional.

Figura 4. Paramento oeste del recinto sagrado de la Iglesia, altar solidario con la estructura muraria de dicha fachada.

Bibliografía

Azkárate A. 2008.”La arqueología de las arquitectura en el siglo XXI” Revista Arqueología de la Arquitectura, Vol. 5 pag. 13. Madrid/Vitoria.

De la Fuente A. 2010. Ponencia del curso Arqueología de la Arquitectura. Carmelo Uruguay. Organizado por ART-PNUD-Ayuntamiento de Vitoria Gasteiz. España.

Guiria J. 1955. La Arquitectura en el Uruguay. Imp. Universal, Montevideo. pág.129.

ICOMOS. 2003. “Principios para el análisis, conservación y restauración de las estructuras del patrimonio arquitectónico”.

Torres A. et al. 2005. “Patrimonio intangible. Conceptualización, estudio de casos y legislación”. Instituto Cultural Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Dirección Provincial de Patrimonio Cultural, Buenos Aires, Argentina.

Autoras:

Jacqueline Geymonat, Arqueóloga.Consultora Programa ART, PNUD, Barrios Amorín 870, Montevideo, Uruguay. Correo electrónico: bonino57@gmail.com

Carola Romay, Arquitecta. Facultad de Arquitectura, UdelaR, B. Artigas 1031, Montevideo, Uruguay. Correo electrónico: cromay25@hotmail.com

Carmen Lazzarini, Maestra. ONG Movimiento Pro Calera de las Huérfanas. Ignacio Barrios s/n, Carmelo, Uruguay. Correo electrónico: carlazza2009@hotmail.com



[1] Guiria J. 1955. La Arquitectura en el Uruguay. Imprenta Universal, Montevideo. pág. 129 y ss.

[2] . Programa ART-PNUD, Ayuntamiento de Vitoria Gasteiz, “Plan Director de Gestión de Calera de las Huérfanas” (2011).

[3] Torres A. et al. 2005. “Patrimonio intangible. Conceptualización, estudio de casos y legislación”. Instituto Cultural Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Dirección Provincial de Patrimonio Cultural, Buenos Aires, Argentina.

[4] Ander de la Fuente. 2010. Ponencia del curso Arqueología de la Arquitectura. Carmelo Uruguay. Organizado por ART-PNUD-Ayuntamiento de Vitoria Gasteiz- Universidad del País Vasco- España.

[5] “Principios para el análisis, conservación y restauración de las estructuras del patrimonio arquitectónico”, aprobados por ICOMOS en 2003.

[6] A. Azkarate. 2008.”La arqueología de las arquitectura en el siglo XXI” Revista Arqueología de la Arquitectura, Vol 5 pag 13. Madrid/Vitoria.

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